En más del 90% de las mujeres embarazadas, el embarazo se asocia a una serie de cambios:
… que pueden ocasionar alteraciones significativas en la piel, en ocasiones con un impacto importante en la calidad de vida.1
Algunos de estos cambios son fisiológicos y se deben a los cambios hormonales, pero también se pueden dar alteraciones en la evolución de enfermedades cutáneas preexistentes, ya sea en forma de mejoría o de reagudización. Existe también un grupo heterogéneo de dermatosis específicas que solo se dan durante el embarazo o el puerperio, denominadas dermatosis del embarazo.1
Durante el embarazo, la respuesta inmunitaria de la madre se reduce considerablemente para evitar el rechazo del feto.
El perfil de citocinas gestacional es un perfil particular de inmunotolerancia, donde se observa un aumento de la expresión de las Th2 (IL-4, IL-5, IL-10, IL-13), mientras que el puerperio se caracteriza por niveles elevados de Th1 (IL-2, FNT-α, IFN-c).
Los cambios hormonales también tienen un impacto en este perfil de citocinas específico:
Suelen aparecer en el primer trimestre del embarazo.2
La prevención de los trastornos pigmentarios se basa en:
Se desarrollan entre el 50 y el 90 % de las mujeres durante el sexto y el séptimo mes del embarazo, sobre todo en el abdomen, los muslos, las caderas o los pechos, es decir, en las zonas donde la piel se estira más.1,2,4-7
De color entre rojo y púrpura en el momento de su aparición, en ocasiones edematosas, se desvanecen progresivamente, sin llegar a desaparecer jamás.5,6,8
En los casos graves se acompañan de picor y malestar, pudiendo interrumpir el sueño, con el consiguiente impacto negativo en la calidad de vida.5-7
A menudo una experiencia desagradable para las mujeres debido a su naturaleza poco estética, son el resultado de un debilitamiento de las fibras de elastina y de colágeno. Su rareza entre ciertos grupos étnicos indica también una cierta predisposición genética.2
Parecen ser el resultado de una agresión de los fibroblastos, con bloqueo de la síntesis de macromoléculas, principalmente glucoconjugados, y disminución de los niveles de ARNm que codifican los colágenos I y III y la fibronectina.
Las estrías son, sobre todo, el resultado de la degeneración del colágeno y las estructuras microfibrilares de las fibras elásticas, especialmente la fibrilina.4,8
Para evitar la aparición de estrías se pueden aplicar emolientes, ya que estos aumentan la hidratación y la flexibilidad de la piel. Hasta la fecha, ninguna cura ha demostrado ser efectiva.5,7,8
La erupción polimorfa del embarazo es una de las más frecuentes (0,6 %). Aparece en las fases tardías del embarazo.9 ,10
La erupción comienza en el abdomen, dura un promedio de 6 semanas y se resuelve espontáneamente unos días después del parto.10
Se trata de un trastorno inflamatorio benigno en forma de pápulas urticariformes, que pueden fusionarse en placas.
En el 40-70 % de los casos se pueden observar vesículas cubriendo las estrías.
La hipótesis fisiopatológica más reciente considera que el estiramiento de la piel abdominal daña el tejido conjuntivo subyacente, causando una reacción inflamatoria.11
La colestasis intrahepática del embarazoes más común en Escandinavia y en las poblaciones indias de Chile y Bolivia.
También es más frecuente en mujeres de más edad, después de embarazos múltiples, cuando hay antecedentes de colestasis por el uso de anticonceptivos orales y en invierno.9,10
Comienza durante el segundo o tercer trimestre del embarazo, con un intenso picor en las palmas de las manos y las plantas de los pies, sin lesiones cutáneas preexistentes, y más tarde se generaliza. Se incrementa por la noche y puede entorpecer el sueño.9
Se debe a una obstrucción intrahepática del flujo biliar, en ausencia de hepatitis.11
El penfigoide gestacional es una enfermedad autoinmunitaria que se desarrolla en el segundo trimestre y se manifiesta en forma de pápulas urticariformes pruriginosas, placas y vesículas en la región umbilical.
Desaparece algunas semanas o meses después del parto.11
El eccema atópico del embarazo.
Las lesiones aparecen entre el primer y el segundo trimestre, en la cara, el cuello, el pecho y en los pliegues cutáneos.9,11
En la mayoría de los casos (80 %), las mujeres afectadas presentan síntomas de atopia por primera vez o después de un período muy largo de remisión.9
Bibliografia