La microbiota específica de la piel, establecida durante el nacimiento y estabilizada después del primer año de vida, contribuye a la homeostasis cutánea y controla diversos aspectos de la fisiología de los tejidos.1,2,3 Se han identificado más de 1.000 especies bacterianas en el nivel más superficial de la piel4.
Los comensales cutáneos son esenciales para el mantenimiento de la función de barrera epitelial, la regulación del sistema inmunitario innato y adaptativo del huésped y la protección frente a microorganismos patógenos invasores.1,2,3
Al igual que otros factores estresantes, las lesiones modifican la diversidad y abundancia de la microbiota cutánea, cuyo perfil se altera considerablemente hasta el día 14.2,5
La presencia y abundancia de microbios en las heridas cutáneas dependen del tipo de herida.2
Tanto los estudios in vivo como in vitro del microbioma cutáneo han respaldado el consenso general de que la composición microbiana de las heridas cutáneas influye en la cicatrización de las heridas.4
Se ha demostrado que las bacterias comensales de la piel reducen la inflamación durante la cicatrización de heridas y activan la inmunidad innata y las citocinas inflamatorias.6
Control de la inflamación: la microflora cutánea normal incluye especies de estafilococos, algunos de cuyos productos inhiben la inflamación cutánea.8 Como se observa en la colonización microbiana sana, la elevada diversidad de comensales cutáneos participa tanto en la inducción benigna del sistema inmunitario como en la atenuación de la respuesta inmunitaria. Entre ellos, S. epidermidis está especialmente implicado en el control de la inflamación.4
Los comensales de la piel influyen en diversos procesos homeostáticos y de señalización celular, como la proliferación de queratinocitos, la diferenciación epitelial y el crecimiento de vasos sanguíneos epidérmicos. En concreto, los linfocitos T CD8+ inducidos por S. epidermidis promueven la rápida progresión de los queratinocitos mediante la regulación al alza de los receptores tipo Toll (TLR) y la modulación descendente del TNF-α. Su impacto es detectable durante la fase de proliferación de la cicatrización de heridas, quizás a través de un efecto sobre la proliferación de queratinocitos, ya que expresan altos niveles de anfiregulina, una molécula descrita por su papel mitogénico sobre los queratinocitos a través de la unión al receptor del factor de crecimiento epidérmico (EGFR). Además, la producción de ácido lipoteicoico por parte de S. epidermidis disminuye la inflamación cutánea a través de la señalización del receptor Toll-like (TLR) 2. La capacidad de S. epidermidis para modular la respuesta inmunitaria innata en heridas cutáneas no infecciosas coincide con su capacidad para acelerar la cicatrización de heridas en diversos modelos cutáneos, y pone de relieve la capacidad de los productos bacterianos para reducir la inflamación cutánea.
Disminución del riesgo de infección: Actualmente se sabe que la microbiota cutánea normal apoya y modula la respuesta inmunitaria innata del huésped para evitar la colonización de microorganismos potencialmente patógenos.2 En particular, tanto S. epidermidis como S. aureus, que suele ser poco abundante, inducen la expresión de AMP en los queratinocitos humanos, lo que en última instancia beneficia a la piel al proporcionar protección al huésped frente a la invasión de otros microorganismos patógenos.4
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La microbiota induce una forma de inmunidad adaptativa que combina la función antimicrobiana con la reparación tisular1.
VegF, Fgf, Pdgf, Areg, Mmp: factores pleiotrópicos implicados en diversos aspectos de la cicatrización de heridas
MHCI: complejo mayor de histocompatibilidad de clase I
Encontrar formas alternativas de modular la microbiota con la esperanza de mejorar la cicatrización de las heridas es de suma importancia. Ya se han demostrado aplicaciones clínicas dirigidas a la microbiota para mejorar la cicatrización de heridas en el tratamiento de la dermatitis atópica (probióticos, Vitreoscilla filiformis, ácidos grasos de cadena corta (AGCC), etc.).4
Por otro lado, los humectantes y emolientes, considerados la piedra angular del tratamiento de la DA, ayudan a restaurar y mantener la integridad de la barrera cutánea, combaten la xerosis y potencian la eficacia del tratamiento. Y ciertos emolientes que han demostrado, en estudios clínicos, su capacidad para aumentar la diversidad de la microbiota en la piel atópica podrían considerarse para mejorar la cicatrización de las heridas.11
Bibliografía